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  Caleños, despiértense
Posted on Sunday, 07 November a las 09:52:35 by mokata

Noticias Varias Pedro Gómez-Centurión, el hombre que transformó a Guayaquil, reveló las claves para recuperar el entorno y la autoestima de la ciudad.

“Después de doce años me encontré con una Cali sucia y deteriorada”, indicó el Presidente de la Fundación Malecón 2000. “Para cambiar a una ciudad se necesita liderazgo, determinación y conocimiento”. “Hagan lo que necesiten, pero rescaten esta capital”.

Cierre los ojos por un momento y sueñe con un río Cali de aguas limpias, donde en sus orillas la gente camina y disfruta de restaurantes, parques infantiles y museos. Piense también en un entorno limpio, organizado, sin ventas ambulantes, donde el río tutelar es el eje de la recuperación urbana y paisajística de la ciudad. Eso que parece una utopía fue lo que se logró en Guayaquil, Ecuador, gracias a un proceso que duró ocho años y que logró convertir su deteriorado malecón en un ejemplo de concertación, recuperación y esfuerzo mancomunado para América Latina.

Detrás del ‘milagro del Guayas’ está la fuerza de Pedro Gómez-Centurión, un optimista incorregible que nació en Argentina, pero que hoy se siente más ecuatoriano que Eloy Alfaro. Al frente de la Fundación Malecón 2000 proyectó, ejecutó y administró este proyecto que revolucionó el puerto del país vecino. Este financista de profesión y urbanista por vocación vino a Cali a participar en el I Congreso de Mercadeo Social, que se realizó entre el jueves y viernes en el Hotel Dann.

Después de doce años de no visitar a la capital del Valle encontró una ciudad triste, sucia y caótica, de ahí que se atrevió a lanzar una consigna categórica: “Caleños, despiértense”. Recorriendo el Paseo Bolívar, recordó los olores de una ciudad que no encontró, pero también escarbó las huellas de una capital que quiere sacudirse.

¿Cómo logró Guayaquil pasar del caos al orden en menos de ocho años?

La ciudad le había dado la espalda al río Guayas y se había olvidado de su importancia. Fue necesario contar con el liderazgo de dos alcaldes, León Febres Cordero y Jaime Nebot, para lograr emprender una cruzada de este tipo.

¿Pero cómo nació la Fundación Malecón 2000?

Cuando se le regaló a Guayaquil este anteproyecto, el alcalde Febres-Cordero decidió que había que llevarlo a cabo de tal forma que no dependiera de los riesgos o contingencias políticas. La Fundación se armó de tal manera que tuvieran participación el Alcalde y el Gobernador, pero el resto del equipo tenía que ser la propia sociedad civil, con diferentes representantes.

¿Qué proceso político vivía Guayaquil que permitió emprender un proyecto de esta envergadura?

Guayaquil venía de administraciones terribles, nefastas y cuando la ciudad le pide a León Febres Cordero, quien había sido Presidente de la República, que asuma la Alcaldía, él se hace cargo del proyecto y recupera la institucionalidad. Empezó un proceso duro, pero eficiente. Cerró el Palacio Municipal por seis meses y no pasó nada. Hizo una tarea de orden interno, sacó todas las porquerías para afuera, redujo la burocracia y pasó de doce mil funcionarios a cerca de cuatro mil. Todo esto significó que hoy del 100% del presupuesto Municipal, el 10% se gasta en administración, otro 10% se destina a renovación urbana y el 80% para obras que la ciudad requiere con urgencia. Esa eficiencia administrativa hizo que la Organización de Naciones Unidas reconociera a Guayaquil como una de las ciudades mejor administradas de América Latina.

Después de doce años de no venir a Cali, ¿qué percepción tiene de la ciudad?, ¿Cómo la siente palpitar?

Honestamente me dio mucha pena. Vi a Cali muy deteriorada, sucia, sin ofender a nadie. Hice un recorrido y para mí fue como un flash y un golpe fuerte sentir como si estuviera nuevamente en Guayaquil hace doce años. Me dio una nostalgia tremenda haber conocido un Cali precioso y hoy ver en lo que se ha convertido. La Plaza de Cayzedo era hermosa, el Palacio Nacional también y ahora están abandonados. ¡Despiértense caleños! Hagan lo que necesiten, pero rescaten esta ciudad que es tan linda y tan similar a Guayaquil. Cali tiene todo para hacerlo, la gente, su capacidad.

Usted habla de la necesidad de tener voluntad política para emprender esta clase de proyectos. ¿Cómo se concilia esa voluntad cuando los mandatarios de turno tienen demasiados intereses creados y compromisos que no permiten tomar decisiones de choque?

Los dirigentes son aquellos que tienen que guiar. Si tenemos un líder que tenga el alcance de ver cuáles son las necesidades del pueblo y se les da en obras, habremos ganado mucho. Nunca faltará aquel que dirá: ‘No queremos cemento, queremos obras humanas’, pero qué más humano que llevarle cemento a la gente que vive en el lodo, en el polvo. Pero los políticos populistas, mediocres, critican lo que es mejor porque es más fácil convencer a la gente que no conoce, de que no es bueno tener una mejor calidad de vida.

¿Cómo romper el paradigma de que es mejor no cambiar el caos porque así siempre ha funcionado y al final ya estamos acostumbrados?

Eso se rompe con liderazgo, determinación, conocimiento, convicción, comunicación, escuchando a la gente. Lo que aplicaría en Cali es que si ya estamos destruidos, preguntaría: ¿a dónde más queremos seguir destruyéndonos? Nadie razonable puede vivir en una ciudad donde todo esté mal. Usted caminó esta ciudad. Imagina que el eje de la Cali futura, recuperada urbanísticamente, podría ser el río, la Plaza de Cayzedo, el proyecto de la Licorera... Nadie más que los caleños para saber qué es lo que más quieren rescatar. Hay que preguntar qué es lo que más valoran. Nosotros comenzamos con tres kilómetros y medio, pero con todo el trabajo de la Fundación y el Municipio se han hecho cerca de 240 kilómetros de vías en ocho años. ¿Quién puede determinar eso? Los mismos caleños. Hay que buscar un consenso. Algunos dirán que el río, otros que la Calle Diez, uno más allá dirá que la Plaza de Cayzedo. Una vez definido el sitio hay que seguir para adelante y no parar. Soy un optimista perdido y por eso me imagino a Cali como fue y mucho mejor. Esta ciudad tiene muchas potencialidades, un clima maravilloso, es posible hacerlo.

Uno de los argumentos socorridos de las últimas administraciones para no emprender grandes proyectos es que no se tienen recursos...

No puedo llegar a la casa y decir no tengo plata. Tenemos que inventar la fórmula. A los acreedores hay que decirles que si me siguen exigiendo van a deprimir la ciudad al punto que la van a asfixiar y no se podrá seguir pagando. También hay que tomar decisiones políticas como suprimir burocracia y utilizar los recursos en la ciudad. Hay que buscar recursos con la Nación, los Juegos Panamericanos los hicieron con un impuesto puntual. La necesidad es la puerta de entrada a la imaginación. No podemos seguir lamentándonos porque el pasado no duró un poquito más.

¿Qué se logra con proyectos de este tipo que involucran la recuperación del espacio público, el entorno y el embellecimiento urbanístico?

Se logra generar sentido de pertenencia, recuperar la autoestima, generar empleo y un efecto multiplicador de la economía. El caleño es un emprendedor nato, no le gusta ir para atrás. Aparte le gusta divertirse. La afinidad con Guayaquil está allí, el hecho de hacer las cosas divirtiéndose, no solamente peleándose. Se tiene la tendencia a pensar que crisis económica y pobreza son sinónimos de ventas ambulantes y ocupación del espacio público y que no hay más alternativa... Eso se ordena con decisión, con convencimiento, con la dirección que debe haber en el Municipio. En Cali debe haber una Secretaría de Acción Social, que en lugar de estar sacando estadísticas vaya a hablar con la gente, a involucrarse, a untarse. En Guayaquil, cuando hicimos la renovación urbana, le decíamos a la gente que íbamos a intervenir y nos preguntaban por cuánto tiempo, a lo que respondíamos que tres meses. Se enojaban, pero al final les decíamos eso se hace y punto. A los tres meses los vecinos de las tres cuadras siguientes pedían a gritos que les hiciéramos los mismos trabajos. La gente quiere eso. Hay que tomar decisiones.

¿Cómo se logró convencer y desalojar a los vendedores ambulantes que estaban ocupando todo ese malecón sucio, deteriorado y por el cual la gente temía pasar?

Les dijimos: señores, esto va a cambiar y no nos importan las protestas. Muchos medios de comunicación al principio no comprendían el efecto de estas transformaciones. Por eso es muy importante trabajar en forma mancomunada y que esto no sea un proyecto de un Alcalde sino de la ciudad. Yo recorrí la Plaza de Cayzedo y eso era lo que ocurría en Guayaquil. ¿Por qué no hacemos que la gente vuelva a disfrutar del parque y a los vendedores démosles un espacio para que la gente vaya?

Algunos podrían pensar que simplemente fue una decisión autoritaria de desalojar a los vendedores...

Se trató de una reubicación. Se definieron primero los lugares en donde iban a ser ubicados los vendedores. Allí la gente se percató de que sí había un objetivo. Luego se quejaron de que la gente no bajaba a comprar, pero después los clientes se acostumbraron. Los locales fueron ocupados por los mismos vendedores que estaban en la calle, esto se hizo con censos. No fue que se desalojó a los amigos de alguien y se reubicó a los amigos del otro. Además, se les dieron cursos de capacitación, tanto en ventas, como en manejo de alimentos y estrategias de ventas.

El Presidente de Malecón 2000 palpó el caos que reina en sitios como la Plaza de Caicedo.
Oswaldo Páez / El Pais

Aspectos para tener en cuenta

“Para recuperar la autoestima de la ciudad es necesario empujar de a poquito poniendo oreja y mucho corazón”

Cinco claves para que Cali arranque proyectos de este tipo...

Liderazgo para emprender la idea; escuchar para comprender al otro y no hablar desde lo mío sino tratar de entender cómo quieres tú hacer las cosas; transparencia, no tenerle miedo al auditor externo, es tu mejor aliado; fomentar el sentido de pertenencia, decirle a la gente que ese proyecto que generó un grupo de gente es de la comunidad y ellos son los únicos beneficiarios y lo quinto es que una vez se construya hay que cuidarlo y mantenerlo.

Cómo recuperar la autoestima de una ciudad que se siente anquilosada, con vías deterioradas e insegura...

Algunos dirán: ‘No me interesa, quiero seguir así’, pero la obligación nuestra es inducir y soñar que vamos a vivir en mejores condiciones. Hay que empujar de a poquito, poniendo oreja, corazón para no infartarse y un hígado que sea capaz de procesar la mezquindad que los seres humanos tenemos.

Lista de cifras

- 74 millones de dólares costó el proyecto de reconstrucción del malecón de Guayaquil.
- 800.000 empleos se crearon en los ocho años que duraron las obras.
- 80.000 personas diariamente visitan, en promedio, la zona.
- 0 robos han tenido en los ocho años de funcionamiento.
- 25 encuestas se hicieron para ver qué quería la gente que se construyera.
- 51.089 donantes participaron.

Por Gerardo Quintero Tello

Tomado de Periódico El PAIS: http://elpais-cali.terra.com.co/historico/nov072004/MTR/A407N1.html

 
 

 
 
 
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